En búsqueda del superávit espiritual en tiempos de déficit financiero

Golden Nest EggSe habla mucho de diferentes tipos de inversiones a corto, medio o largo plazo. Los bancos y cajas de ahorros intensifican sus campañas de captación de inversores especialmente en tiempos de crisis y recesión económica generalizada a nivel mundial. En tiempos duros como los que estamos atravesando, la gente se muestra más reacia a tomar decisiones respecto a tales transacciones, ya que cada vez es más difícil hacer una “gestión de riesgos” adecuada debido a la abundancia de estos últimos, a la volatilidad y constante fluctuación de los índices financieros y la creciente escasez de recursos y de liquidez. Cada vez se reducen más las probabilidades de “dar con el caballo ganador” y se incrementan las variantes imprevisibles que pueden conducir a la bancarrota.

 Así pues somos testigos de cómo se inflama una batalla en la que personas, algunas físicas y otras morales (muchas exentas de moralidad), expenden todos sus  recursos para ganar terreno alto e intentar salir fortalecidos de esta crisis.

 Es una atmósfera tumultuosa de plena pesadilla financiera que les roba el sueño a muchos y que deja a todos deseando que se asienten los polvos de dicha batalla en la cual los problemas “acechan desde arriba y desde abajo, hacen que las miradas se desvíen en terror, y se formen nudos en las gargantas”.

 No obstante, incluso en medio de tales circunstancias aparentemente catastróficas existen personas cuya “basira” (visión perspicaz del alma) no sufre miopía, y en cuyos corazones Allah (SWT) ha plantado fértiles y fragrantes jardines de sabiduría. Dichas personas no se dejan engañar por las “variantes” y las aguas cristalinas de sus océanos de conocimiento no son perturbados por las turbulencias por muy violentas que sean.

 Hacen una “gestión de riesgos” acertada y, iluminados en su camino por las palabras infalibles de su Creador y guiados en su emprendimiento por su ejemplo y modelo, el último mensajero de Allah (SWT), Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah (SWT) estén con él), ven que el verdadero riesgo consiste en considerar como riesgo la perdida de lo mundano. Para ellos, los tiempos de bonanza o de crisis económicas no les afectan. Ellos son los reyes del mundo, porque saben que la verdadera pobreza está en temer a la pobreza y dejar que la avaricia se apodere de uno.

 Saben que el riesgo más peligroso es dejar que los deseos y el egoísmo campen a sus anchas y que los caprichos conduzcan a su antojo las vidas de los seres humanos. Para ellos, el autentico y duradero triunfo lo engloban dos cosas que resume el Profeta en su hadiz: “Di creo en Allah, y luego se recto.” Primero, creer en el Creador, y luego purificar el alma, adoptar una conducta coherente y lograr la integridad moral.

 Hacen bien “sus cuentas”, y saben que, mientras las temblorosas inversiones mundanas quizá les den un “incremento fraccional limitado”, Allah (SWT) multiplicará sus recompensas, a veces linealmente, otras exponencialmente. Una operación matemática reflejada en la parábola de la siguiente ayah:

 “El ejemplo de aquellos que gastan sus bienes por la causa de Allah es la de un grano que produce siete espigas, cada espiga contiene cien granos: pues Allah dobla la ganancia a quien Él quiere; y Allah es infinito, omnisciente.” [2:261] 

 A cerca de ellos y ellas dijo el poeta Imam Al Shafi’i:

 إن لله عبــادا فـــطنا       طلقوا الدنيا وخافـوا الفتنا

Allah tiene siervos perspicaces, divorciados de lo mundano y recelosos de las tentaciones

نظــروا فيهـا فلما علموا      أنها ليـست للـحي وطنا

Se fijaron en este mundo y al saber que no es estancia permanente para ningún ser vivo

جــعلوها لجــة واتخذوا     صالح الأعمـال فيها سفنا

La consideraron un océano y zarparon con sus buenas obras como navíos.

 Al saber que nuestras mortajas no tendrán bolsillos, y que no habrá cajeros automáticos desde los cuales acceder “desde el otro lado” a las riquezas que amontonamos en esta vida, el sentido común nos exige despegarnos de nuestros bienes (móviles e inmóviles) y reflexionar y ver si lo que consta en nuestro balance –para con Allah (SWT)- son realmente bienes o males.

 Una vez nos desprendamos del “pelotón” y veamos la “carrera de locos” en la que se han convertido nuestras sociedades; una vez dejemos atrás nuestro egoísmo y miremos más allá de nuestras narices, entenderemos.

 Entenderemos que la mejor inversión que uno puede hacer es la de plantar semillas cuyos frutos nos acompañarán mientras dure la eternidad. Entenderemos que, después de todo, puede que nuestras posesiones no sean bendiciones sino lastres, riesgos y bagaje innecesario. Aunque lo que se pretende aquí no es una austeridad y un ascetismo correctivo, sino una templanza preventiva. El Zuhd no es deshacerse de la dunya, sino evitar que ésta anide en nuestros corazones.

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