Los musulmanes en Occidente y el arbusto ardiente

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Dudo que alguien desconozca la historia de Moisés [la paz sea con él]. Todos hemos leído esa historia multitud de veces, o al menos deberíamos haberla leído.  Sin embargo, ¿la hemos explorado? ¿Hemos buceado en sus insondables profundidades?


Aquí comparto, un fotograma de ella; una breve escena digna de nuestra reflexión.Se trata de la parte en la que Moisés se dirige desde Madian hacia Egipto para visitar a su madre y a su hermana. Según el tafsir [exégesis] de Al Baghawi, Moisés tomó rutas inusitadas por temor a que fuese rastreado por los reyes de los pueblos del Creciente Fértil, como eran los edomitas, los cananeos o los moabitas. Su mujer estaba muy enferma, era de noche y el frío invernal se dejaba notar con dureza. Rodeados por las arenas del desierto, en medio de la nada, divisó de repente a lo lejos una llama de fuego y decidió ir en su búsqueda para así traer un tizón y poder encender una hoguera. Necesitaba entrar en calor y quizás preparar algo de comer para su mujer. 

« Dijo a su familia: “¡Quedaos aquí! Distingo un fuego. Quizá pueda yo traeros de él un tizón o encontrar la buena dirección con ayuda del fuego”. [20:10]


Las razones por las que abandonó Madian, al igual que las que le empujaban a acudir al lugar donde había visto las llamas, tenían algo en común: eran puramente mundanales… DUNYA.


Pero, acto seguido, ¿qué fue lo que ocurrió?


Al llegar al fuego, al conseguir el tizón que anhelaba… fue llamado a algo infinitamente más trascendente. Un llamamiento decisivo en la historia de la humanidad. Tenía que hacer llegar el mensaje del remitente más compasivo al personaje más despótico de la historia de la humanidad.


Una misión para salvar del yugo opresivo del faraón a quienes serían el pueblo elegido. Salvar a los antepasados de David y Salomón, Ezequiel y Daniel, Zacarías, Juan el Bautista y Jesús, que las paces y las bendiciones de Dios sean con todos ellos. Es decir, estaba en juego la salvación de pueblos extensos y generaciones venideras.


Dios le dirigió la palabra, se dio a conocer, lo llamó, lo eligió, lo proclamó Enviado Suyo al faraón y su séquito.


Él había venido en búsqueda de la Dunya, pero Allah tenía otro plan para él: pasar a la posterioridad como uno de los Mensajeros más importantes jamás enviados a la humanidad.


En vez de un simple tizón llameante, Allah le quiso entregar la antorcha inextinguible de la profecía.
Es momento de extrapolar los hechos de esta historia a nuestra situación actual. Tres milenios más tarde, la mayoría de los musulmanes en occidente, nos encontramos en circunstancias comparables. Vinimos aquí en búsqueda de bienes materiales. Un buen trabajo, estabilidad económica, un buen coche, una mujer atractiva, ser estrellas de futbol, etc.


Las razones pueden variar, pero las engloba esa palabra: Dunya. Una palabra que por cierto significa literalmente en árabe “lo más bajo”.


Puede que hayamos venido por las razones equivocadas, pero rectificar es de sabios. Siempre podemos renovar nuestra Niyya, enderezar nuestras intenciones y redefinir nuestros propósitos. Nuestra razón de ser no es la Dunya, es algo mucho más excelso e importante. Somos portadores de un mensaje de una belleza sobrecogedora y un espíritu sin igual.


Moisés, pudo haber hecho oídos sordos a la llamada de Allah, haber vuelto con su llama de fuego a su tienda de campaña y haber pasado una noche cálida comiendo cordero asado. Pero no… tuvo las agallas de asumir su responsabilidad. Una fe y una resignación con las que acabará partiendo el mar rojo en dos y abriendo nuevas fronteras para su fe y la fe de sus seguidores.


¿Tenemos nosotros las mismas agallas? ¿Haremos caso a la llamada del Profeta Muhammad [PyB]? Él nos pidió algo. Nos dijo: “Transmitid de mi aunque sea una sola aleya.”


Las sociedades occidentales en las que vivimos, y en realidad la humanidad entera, viven una nueva era faraónica. Una era de opresión y de grilletes que inmovilizan su espíritu. Si no respondemos nosotros a la llamada, ¿quién responderá? Y ¿cómo pueden sanarse los pacientes, si los médicos están durmiendo en un profundo sueño?

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