¿Crisis de identidad o una identidad en tiempos de crisis?

ImageCuando vacías un cuenco de agua, éste se llena con aire…

Existe una confusión innegable entre algunos musulmanes. Parecen no conocer su identidad. En estos tiempos de confusión, de hiperinflación cuantitativa en la información que nos llega y de tribulaciones espirituales en parte debidas a la pobreza cualitativa de dicha información que recibimos, veo ejemplos de musulmanes que desconocen por completo quienes son.

Todo el mundo habla de los musulmanes que han perdido su identidad y han adoptado, al menos en lo formal y superficial, un estilo de vida americanizado [o mejor dicho, estadounidense]. Se apresuran a vestirse como los raperos estadounidenses pero no parecen demostrar el mismo entusiasmo en seguir el camino de investigadores del MIT y lograr avances tecnológicos y científicos dignos de mención.No obstante, aquí no voy a hablar de jóvenes musulmanes americanizados. Me preocupa ver a algunos chicos que apenas entienden el Corán, pero intentan imitar ciegamente a los eruditos, o al menos a quienes ellos consideran como tales, de Arabia Saudí, y a algunos predicadores musulmanes al estilo tele-evangelizador que sintonizan vía satélite. Dicha imitación es más bien externa, una moda que ojala sea pasajera, una actitud quizás algo presumida que se ve reflejada en su forma de hablar [expresiones que usan como muletillas], y en su forma de vestir, por ejemplo, los Qamis [la prenda de vestir blanca larga que llevan los saudíes y que para algunos occidentales parece una camisa larga de color blanco].

Dichos jóvenes consideran estas cáscaras externas como parte del corazón de la sunna, sin que sepan que esa prenda no es árabe ni mucho menos, sino que es persa. La mayoría de los árabes en tiempos del Profeta [P] ni siquiera conocían esa prenda. Fue incorporada a sus guardarropas solo después de las conquista de Persia. Chicos que se pasan todo el día cepillándose y limpiándose los dientes con sus pequeños siwak,y que ojala pasaran la mitad de ese tiempo limpiando sus corazones del odio y del rencor que se apodera de ellos, o puliendo sus almas y dominando su irascibilidad y sus lenguas obscenas. Chicos jóvenes que se ponen el shmagh [la prenda rojiblanca que llevan los saudíes en la cabeza], que no digo que sea haram ni mucho menos ponerse una tela así, sino que tienen que pararse, y preguntarse acerca de las razones que les empujan a adoptar un aspectos de su identidad y prendas que reflejan [de forma superficial] estos aspecto. Además, si creen que esa prenda la llevo el Profeta [P], entonces están viviendo una gran fantasía.

La confusión es evidente y uno puede seguir enumerando infinidad de ejemplos de cómo se cristaliza esa desorientación en varias facetas de las vidas de los musulmanes. Un musulmán puede verse obligado a desplazarse de un país a otro o de un continente a otros. Me considero a mí mismo, hasta cierto punto, un inmigrante. Pero no por ello tengo la obligación de dejar atrás mi identidad. Aunque soy un hablante nativo del árabe y he nacido en un país árabe, he de decir que ya no existe una identidad árabe en el sentido étnico de la palabra, excepto quizás en algunos lugares recónditos, como algunas tribus de la península arábiga. Existe una identidad espiritual musulmana que nos une a nivel global en la hermandad que establece el Corán al declarar a todos los creyentes como hermanos. Una identidad que a su vez engloba identidades regionales.

Cualquier musulmán que pretenda anular las idiosincrasias de los ciudadanos de una región bajo el pretexto de homogeneización es una persona que simplemente no ha entendido bien el Mensaje del islam que nos lleva a la unión espiritual sin anular nuestras idiosincrasias no contrarias a sus preceptos. Por ejemplo, está la identidad magrebí, otra turca, otra persa, etc. Dichas identidades se dividen en sub-identidades más localizadas y más concretas.

Un marroquí de Tánger tiene idiosincrasias que no comparte con un marroquí de Marrakech, y un persa de Shiraz [ciudad que dio nombre a Jerez de la Frontera] tiene idiosincrasias que no comparte con un persa de Isfahán. Y tanto el Shirazi como el Isfahani pueden ser ambos chiitas o sunitas. [Por cierto, el 15 por ciento de Irán es Sunni e Irán fue feudo del sunismo hasta el siglo 16 con el advenimiento del imperio Safavida]

Uno no tiene absolutamente por qué dejar a tras su identidad árabe o española o estadounidense al desplazarse y cambiar de ubicación. Eso sí, siempre y cuando esa identidad no esté en conflicto frontal con los preceptos de su fe. Descubrir la identidad propia y el autoconocimiento son asignaturas pendientes para muchos de nosotros. Al fin y al cabo, uno no es capaz de determinar donde se encuentra, ni fijar el rumbo hacia el cual necesita avanzar, a menos que comprenda quien es.

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