¿Un feto ateo?

Ali Ibn Abu Talib, Allah esté complacido con él, dijo:fetus

“Los humanos están dormidos, una vez mueren… despiertan.”

Es un dicho abierto a múltiples posibles interpretaciones ya que contiene una infinidad de significados y una insondable sapiencia.

Indica que esta vida no es del todo real. Que su realidad es pasajera.

Nada finito es real. Ya que lo finito es contingente.

Contingente en el sentido de que puede suceder o no suceder. Su existencia no es necesaria ni indispensable. Es una existencia posible.

También, el ser finito es contingente en tanto y en cuanto que no existe por sí mismo, sino que su existencia depende de la de otros seres, y la existencia de estos depende de un ser indispensable y autosuficiente.

De allí que esta vida mundana sea una realidad relativa y que sea la muerte, el no ser, la que nos haga despertar y entender realmente la verdad y la esencia de nuestro ser terrenal.

La dimensión más llamativa del dicho arriba mencionado es que esta vida, comparada con la otra, la trascendente, es como el mundo exterior comparado con el mundo que experimenta el feto dentro del vientre de su madre.

Si alguien le dijera al feto que allí fuera existen otros seres humanos, una casa, unas calles, una ciudad con su bullicio, un país, un planeta, una galaxia y un universo de inabarcables dimensiones. El feto, desde la comodidad de su ignorancia, desde el despotismo de sus sentidos, se apresuraría a negar dicha existencia externa, se declararía no creyente.

Un feto ateo, agnóstico, escéptico.

Diría que él no cree que exista nada más allá de la pared uterina, que esos ruidos que oye… el latido del corazón de su propia madre, lo achacaría a algún fenómeno sicológico. Diría que son fruto de su propia imaginación que le juega malas pasadas.

El feto intentaría explicar ese sustento que le llega de día y noche y esa sangre que le suministra con alguna teoría que los atribuiría a la casualidad.

El feto desconocería lo efímera que es y será su estancia en el útero, apenas 9 meses.

Se mostraría escéptico e incluso lo negaría, pero no porque sea un feto, sino porque al igual que nosotros, carece de una experiencia en ese mundo externo que le haga ver la diferencia entre ambos mundos. Entre la estrechez del vientre que restringe sus movimientos, que carece de oxígeno, de luz, de color, de gusto, etc. y entre el mundo exterior que está en las antípodas de su experiencia diaria.

De allí que el momento del parto sea una experiencia traumática, que por cierto es un favor divino el que no nos acordamos de ella.
Nuestra cabeza estrujándose para pasar por la pelvis, nuestra primera bocanada de aire, nuestro primer vistazo de la luz, de los colores, de los olores, del mundo exterior, de otros seres humanos gigantes en comparación con nosotros, de nuestras madres, etc. Un auténtico vendaval de información que llega de golpe al cerebro, demasiados datos que procesar.

Un trauma sólo comparable con el de la muerte.

Ambos momentos, el parto y la muerte, son el hola y el adiós.
Como dije antes, “Los humanos están dormidos, una vez mueren… despiertan.”

De allí que el feto nos parezca dormido desde el mundo externo, ya que no es consciente de lo que ocurre aquí fuera.

Pues bien, es por esa misma razón que el Allah [SWT], conocedor de la naturaleza ilusoria de esta vida, describe de sumamente aguda nuestra percepción después de la muerte. Dice de ello en surat Al Hadid:

لقد كنت في غفلة من هذا فكشفنا عنك غطاءك فبصرك اليوم حديد

“¡En verdad, has vivido desatento a este [Día del Juicio]; pero ahora te hemos quitado el velo, y hoy tu vista es penetrante!”

Puesto que sólo con la muerte despertamos y pasamos a percibir y conocer el verdadero valor de esta vida así como su naturaleza efímera.

Dichas personas sumidas en su letargo mundanal niega la otra vida por el mero hecho de no haber tenido una experiencia directa en ella. Una experiencia basada en los cinco sentidos, defectuosos por definición.

Dicen: todavía no ha vuelto ningún muerto para decirnos que existe tal vida.

Lo mismo diría un feto para negar éste mismo mundo externo en que vivimos. Dirí: todavía no he visto a nadie de ese mundo extra-uterino o meta-uterino.

Allah SWT dice en relación a quienes plantean ese tipo de falacias:
“¿NO VE el hombre que le hemos creado de una [simple] gota de esperma –y luego, ¡he ahí! que se muestra dotado de capacidad para pensar y argumentar? ¡Y [ahora argumenta acerca de Nosotros, y] piensa de Nosotros en términos de comparación, olvidándose de cómo él mismo fue creado! [Y así] dice: “¿Quién dará vida a unos huesos convertidos en polvo?”

Di: “Aquel que los creó por vez primera les dará vida [de nuevo], ya que Él conoce bien cada [aspecto de la] creación: Aquel que del árbol verde produce para vosotros fuego, pues, ¡he ahí! que encendéis [vuestros fuegos] con él.””

[Ya-Sin : 77-80]

Aquél que nos creó y nos dio la vida una vez, sin duda es capaz de hacerlo de nuevo.

De hecho, Allah crea, y los diseñadores e inventores se limitan a imitar y plagiar. Todos los diseños humanos se basan en la naturaleza.

El único que crea sin necesidad de un plano trazado ni un arquetipo ni un antecedente es Allah.

De hecho, Allah nos ha creado y no hay ni ha habido en la historia y prehistoria humanas dos personas idénticas.

Todas estas personas que viven y vivieron desde el primer ser humano hasta día de hoy, que son cerca de 90 billones de personas en total, cada una de ella es única, sin precedentes, irrepetible.

Con sus huellas dactilares, sus huellas oculares, y sobre todo con su ADN.

Y hablando de huellas dactilares. Allah [SWT] las estableció hace 14 siglos como un elemento distintivo de cada persona.

Dice en surat al Qiyama:

بلى قادرين على أن نسوي بنانه

¿Cree el hombre que no podemos [resucitarle y] reunir de nuevo sus huesos? ¡Claro que sí! ¡Somos capaces de recomponer hasta las puntas de sus dedos!

Todas estas señales que Allah nos expone son para sacar al ser humano de su estado fetal. Uno no acaba de ser un feto hasta acabar con su estado de negación y entrar en la luz y la clarividencia de la afirmación.

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