La Rabia Internacional

rabiesAyer fue el día internacional de la rabia, una palabra que, afortunadamente, persiste hoy en día sólo en refraneros y usos idiomáticos del lenguaje. Sin embargo, es una enfermedad que causó estragos en la humanidad durante más de tres milenios sin que nadie supiese sus causas ni mucho menos su remedio. Un virus letal que pudo ser controlado gracias a las investigaciones del célebre químico y microbiólogo francés Louis Pasteur. La efeméride de ayer coincide con la fecha de fallecimiento de este científico que ayudó a salvar miles y miles de vidas. Murió el 28 de septiembre de 1895.

La palabra rabia proviene del sánscrito (rabhas) que significa “locura” o “furia”. Es un término siniestro, que da miedo, porque simboliza el más absoluto enloquecimiento. Una vez infectados, incluso los animales más cercanos al hombre pierden el control y se transforman en violentas bestias que amenazan su vida.

Actualmente, se puede decir que este virus está bajo control, pero no se puede decir lo mismo de este tipo de demencia que sigue afectando y destruyendo al ser humano. Un comportamiento irracional, cegado, violento y que ansía la muerte. Muy lejos queda el ejemplo del Dr. Pasteur y su afán por salvaguardar la vida y la dignidad humana.

Rabia nos da que las guerras que se suceden cosechen las almas de personas inocentes de todos los bandos.

Dicen que “muerto el perro, se acabó la rabia”. Ojalá fuese así de fácil, porque, en realidad, la rabia se alimenta de cada vida que se apaga y aprovecha la sangre derramada como combustible para avivar las llamas de estas guerras insensatas. No hacemos más que prolongar el juego de la rabia con cada “daño colateral” que ocasionamos: con cada cadáver infectamos a más gente y no hacemos más que crear nuevos portadores de este mal milenario.Uno de los animales más temidos en EE.UU. como transmisor de la rabia es el mapache. Curioso nombre que rima con Apache, el nombre de uno de los pueblos indígenas más temidos y que, más que transmisor de rabia, fue receptor y víctima de este mal en su versión europea recién desembarcada del Mayflower. Paradójicamente, entre la maquinaria militar preferida de EE.UU., encontramos a una clase diferente de apaches: esos helicópteros que desde los años 70 llevan actuando como aspersores de rabia entre los nativos de ultramar.

En el mundo musulmán los mapaches brillan por su ausencia. Los animales que se alzan –bocabajo–  en lo más alto del podio de transmisores de rabia son los murciélagos que anidan en las oscuridades más profundas jamás conocidas; ese vacío negro que el odio crea en el corazón deshumanizado. Desde cuevas, grutas y cavernas, dejan que el rencor sea su guía espiritual, buscan mentes vacías y oscuras, preferiblemente jóvenes, en las cuales puedan incubar las crías de sus ideas destructivas.

¿Acaso dejaremos que Apaches y murciélagos marquen el rumbo de la humanidad?

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