La paciencia y la prueba de Tālūt

En el Corán aparecen muchos du’as  (súplicas) de Profetas y Mensajeros, que la paz de Allah esté con todos. Una de dichas invocaciones que me inspiraron y me reforzaron en tiempos de gran dificultad es aquella que el Corán pone en boca del rey Tālūt (Saúl), y los pocos israelitas que lideraba y entre los cuales estaba el Profeta Dāwūd (David), piden a Allah Sabr para lograr su victoria contra Yālūt (Goliat):

“¡Oh Señor nuestro, derrama paciencia sobre nosotros, da firmeza a nuestros pasos y auxílianos contra la gente que niegan la verdad!”

Contra todo pronóstico, vencieron los creyentes. Y es que Allah afirma que Él “ciertamente está con los pacientes.”

Corren tiempos difíciles para los musulmanes en todos los confines de la tierra. Se presentan grandes desafíos y grandes luchas en todos los ámbitos. ¿Estamos preparados para ello?

Leemos la historia de Saúl, David y Goliat, y nos imaginamos que nos está hablando de realidades lejanas, de tiempos remotos y personajes foráneos a nuestros días… Pero nada podría estar más lejos de la realidad. El Corán es un libro vivo. Es un libro dinámico cuya elocuencia trasciende el espacio y el tiempo. Y este pasaje que menciono es más actual que nunca.

Antes de adentrarse en el combate, Tālūt (Saul) les puso una condición a sus tropas cuando aún estaban de camino al campo de batalla. Al llegar a un río en medio del desierto, les dijo que sólo podían seguir adelante junto a él aquellos que bebieran un sorbo de agua con una mano. Como si de un examen para las fuerzas de elite se tratara, quiso ponerles esa prueba para cribar y distinguir quienes realmente estaban comprometidos con su causa y de verdad aguantarían lo que se les venía encima, una batalla épica; una epopeya inmortalizada por los libros sagrados.

Muchos no pudieron aguantar la sed y se quedaron por el camino. Los pocos que tuvieron agallas para llegar al campo de batalla se vieron ante un enemigo titánico cuyos números y poderío superaban todas sus expectativas. Sin embargo, ello no les hizo venirse abajo, sino que les afianzó y les inspiró para pronunciar esta súplica clave; palabras de persistencia, perseverancia y paciencia: “Señor nuestro, derrama paciencia sobre nosotros.”

Persistencia, perseverancia y paciencia son tres componentes que engloba el concepto del Sabr cuya tipología en el Islam es sintetizada por Luqmán en un solo consejo a su hijo:

“¡Hijo mío! Establece la oración, ordena el bien y prohíbe el mal y sé paciente ante la adversidad. Ciertamente esto es parte de lo que Allah prescribió y requiere entereza.”

Primero, la paciencia para evitar caer en las prohibiciones. Si Saul mandó a sus tropas no beber del río excepto un pequeño sorbo de agua, nosotros vivimos en medio de un diluvio de cosas que no siempre son adecuadas desde un punto de vista islámico.

Muchas veces, estas realidades se nos presentan de una manera atractiva y nos sentimos tentados hacia ellas, y es allí donde se ve el verdadero metal del que está hecho uno, y si es resistente y resiliente, o es un metal falso y que carece de valor. La paciencia requiere mucho valor y valentía.

Segundo, la perseverancia necesaria para aferrarse al camino de la verdad. Es más fácil encontrar la senda que mantenerse en ella. Y por ello, uno debe armarse de paciencia para mantener su práctica religiosa diaria y el progreso de su vida espiritual. Esto es de gran importancia especialmente en tiempos en los que los seres humanos parecen sufrir una sed excesiva en desiertos espirituales que algunos llaman las sociedades modernas.

Tercero, paciencia para afrontar el designio divino que nos resulta desfavorable. Es necesaria una gran fuerza y una resistencia espiritual para mostrar auténtica resignación y serenidad ante las desgracias y catástrofes que la vida arroja en nuestro camino… La muerte de nuestros seres más queridos, una enfermedad crónica, un mal divorcio, sufrimiento por una guerra con la que no tenemos nada que ver, hambruna, etc.

Dice Allah en el segundo capítulo del Sagrado Corán (155-156)

«Y ciertamente os pondremos a prueba por medio del peligro, del hambre, de la perdida de bienes, de vidas y de frutos. Pero da buenas nuevas a los que son pacientes en la adversidad, que cuando les sucede una desgracia, dicen: “En verdad, de Allah somos y, ciertamente, a Él hemos de volver.”»

Esta confianza absoluta en Allah es una filosofía de vida de carácter estoico y es indispensable particularmente en tiempos como los que vivimos en los cuales existen problemas y enfermedades cada vez más comunes como la depresión y la ansiedad, que son síntomas de la pérdida de una perspectiva adecuada del sufrimiento. Solemos echar la culpa de nuestro sufrimiento a los hechos, mientras que, en realidad, el sufrimiento es fruto de nuestra visión de los hechos. Una visión limitada, miope, restringida por nuestra condición humana, defectuosa por definición:

“Es posible que detestéis algo y sea un bien para vosotros, y que améis algo y sea un mal para vosotros. Allah sabe y vosotros no sabéis.” (2:216)

La historia de Saúl en el segundo capítulo del Corán es una lección llena de inspiración que impulsa nuestras aspiraciones hacia una verdadera comprensión del Sabr cuyo resultado es la sabiduría, el conocimiento y el apoderamiento en la tierra. Estos resultados no se hacen esperar ya que en el propio pasaje acerca de la lucha de David contra Goliat, Allah nos describe el resultado de la perseverancia:

“Vencieron con el permiso de Allah, David mató a Goliat; y Allah le concedió [a David] el reino y la sabiduría, y le enseñó lo que Él quiso. Y si Allah no hubiera hecho que los creyentes vencieran a los incrédulos se habría corrompido la Tierra; pero Allah concede Sus gracias a la humanidad.” [2:251]

Tal y como dijo el Profeta, la paz sea con él, la victoria es cuestión de tener un momento de Sabr. Y esto es verdad no sólo en las grandes batallas, sino en nuestra vida cotidiana.

La victoria sobre nuestro ego es cuestión de aguantar una tentación pasajera de decir o hacer lo erróneo. No se pueden lograr “macro-victorias” en grandes ámbito de la vida si no nos sobreponemos primero a nuestras constantes “micro-derrotas” en pequeños aspectos de nuestro día a día. Sólo así, cambiando cada uno de nosotros nuestra realidad inmediata y teniendo paciencia cuando sea preciso, podremos cambiar la realidad global y ser merecedores de que se cumpla la eterna promesa de Allah:

“Allah prometió hacer prevalecer en la Tierra a quienes crean de vosotros y obren correctamente, como lo hizo con quienes os precedieron. Les concederá el poder necesario para que puedan practicar la religión que Allah ha dispuesto para ellos y tornará su temor en seguridad.”

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