Un mundo a nuestra imagen y semejanza

Por Hicham Oulad Mhammed

Hemos sobrepasado la mitad de los días de Ramadán. Cruzamos así el hemisferio cronológico de dicho mes, y ahora empieza inevitablemente la triste cuenta atrás, aunque lo mejor está por llegar alhamdulillah. Me refiero a las diez últimas noches entre las cuales está la noche que debería ser la más importante, valorada y cotizada de todo el año para todo musulmán: Laylatul Qadr (La noche del Decreto)

Estamos en medio del mes de Ramadán, algo que nos invita a reflexionar acerca del “término medio”.

Se habla mucho del extremismo, pero no es que haya una religión extrema, sino que vivimos en un mundo de extremos. Este mundo que hemos formado a nuestra imagen y semejanza nos hace correr el riesgo de normalizar los extremismos.Desde que nos levantamos por la mañana hasta acostarnos por la noche, estamos rodeados de extremos: riqueza extrema, pobreza extrema, obesidad extrema, hambre extremo, violencia extrema, velocidades extremas, consumo extremo, etc.

Son extremos que afectan todos los ámbitos de la vida personal y colectiva y repercuten en diferentes esferas de nuestra existencia. En la esfera psicológica presenciamos un aumento tremendo en los casos de esquizofrenia, bipolarismo y otros trastornos. En lo laboral cada vez nos exigen ser esclavos del trabajo con salarios que en vez de aumentar no dejan de encoger. En nuestra vida social cada vez hay más divorcios, más familias desestructuradas, más abortos, más niños abandonados…

A nivel político se supone que la humanidad avanza hacia la paz mundial, pero seguimos viviendo más guerras que nunca y lo peor es que la tecnologóa hace que sean conflictos más destructivos que nunca.

De todo ello se beneficia ese 1% de vampiros que lo controlan todo y esclavizan a todos. Las desgracias del mundo les traen sin cuidado, por no decir que les gratifican y agracian.

Controlan desde la industria farmacéutica cuyas ventas se han disparado, por ejemplo, en los productos antipsicóticos, las multinacionales y las grandes compañías cuyos beneficios se incrementan con cada derecho laboral hecho añicos, las grandes firmas y gabinetes de abogados que se frotan las manos con cada divorcio, la industria armamentística que se beneficia de cada bala que atraviesa cada cráneo en los distintos continentes.
Todo porque los seres humanos han dejado de lado la moderación que es la llave del éxito en todo.

Dice Allah, glorificado sea: “De este modo hemos hecho de vosotros una comunidad moderada para que dierais testimonio sobre la gente y para que el Mensajero lo diera de vosotros.” (Al Baqara:143)

moderePara que seamos “Ummatan wasatan”… Una comunidad moderada, que se caracteriza por seguir el término medio y ser éste su método preferido en todos los aspectos. Una Umma que debe destacar por su mesura. No podemos ser testigos sobre el resto de la humanidad, si caemos en los mismos extremos y extremismos. Ni será testigo de una Umma de extremos, el Mensajero de Allah (la paz sea con él) cuya vida fue un equilibriio perfecto; una balanza que destacó por su justicia y su templanza.

Los extremos de los que sufrimos como musulmanes y de los que sufre el resto del mundo son muchos y variados, desde las desigualdades exageradas que permiten que el 1% de la población mundial posea el 50% de la riqueza del planeta, hasta el tremendo desajustes en la naturaleza que están causando la extinción de cada vez más especies y llevando a la humanidad a una deriva de la que no se puede esperar nada bueno.

Dice Allah, alabado sea:

“Y no tengas la mano cerrado (por la austeridad), asfixiándote, ni la abras del todo (derrochando), pues te quedarías reprochado y en lamento.” (El Sagrado Corán 17:29)

Incluso en la conducta personal y en nuestro lenguaje corporal nos indica:

“Y no apartes la mejilla de la gente por soberbia, ni camines por la tierra con arrogancia: pues, ciertamente, Allah no ama a quien, por presunción, actúa de forma jactanciosa. Así pues, camina con modestia, y baja la voz: pues, ciertamente, la voz más desagradable es la voz [estridente] del asno….” (El Sagrado Corán 31:18-19)

El Corán vincula lo individual con lo colectivo y relaciona lo personal con lo global.

Según la visión coránica no hay diferencia entre lo sagrado y lo profano, puesto que toda nuestra vida es sagrada. Por lo tanto, la línea divisoria entre lo mundano y habitual y lo trascendental es inexistente. Una persona que se permite a sí misma el extremo de la arrogancia en su forma de andar se lo permitirá también a la hora de gobernar y marcar la andadura de un país. Y un buen ejemplo de ello son las nefastas consecuencias del último cowboy que gobernó EE.UU. hace menos de una década. Todos nos acordamos de su peculiar forma de hablar y andar, pero también de su desastroso legado en el ámbito social donde reinó la extrema pobreza en EE.UU., en lo político se vio su extremismo al establecer el principio de “o estás conmigo o estás en contra de mí” pasando luego a tildar y tachar de eje del mal a todos aquellos que le llevaron la contraria, y en el campo financiero dió riendas sueltas a los bancos en su proceso de “desregularización” para que saquearan al mundo entero y desatasen así una de las crisis económicas más agudas de la historia.

Y hoy, como resultado directo de las políticas exteriores violentas, voraces e irresponsables de ciertos países, tenemos un estado que se autoproclama islámico, mientras que el extremismo es su marca de identidad y la moderación es su polo opuesto. Sus discursos rezuman odio e intolerancia, y sus crímenes monstruosos serían descritos como salvajes incluso por las bestias y los animales más feroces.

modere1Nosotros, como receptores y recipientes del último mensaje de Allah, del Corán también conocido como Al Furqán (El Criterio), debemos ser un ejemplo vivo de la moderación. Esa es nuestra obligación si queremos ganarnos el estatus de la Shahada (el testimonio) sobre la gente y la Shahada de nuestro Mensajero sobre nosotros. Él, que la paz y las bendiciones Allah sean con él, estableció un principio inamovible y nos advirtió del fanatismo y los extremismos. Dice en un hadiz narrado por Abu Huraira:

“Esta religión (el Islam) es una facilidad. Y no hay nadie que se la tome con intransigencia salvo que será vencido por ella. Así que haced lo que podáis por acertar y esperad lo mejor.”

Y en otro hadiz afirma y reitera:

“Lo mejor de vuestra religión es lo más fácil en ella… Lo mejor de vuestra religión es lo más fácil en ella.”

Y dice en otro de sus dichos proféticos:

“Cuando os ordene algo cumplid de ello lo que podáis.”

Son muchos los hadices que lejos de anular nuestra voluntad e incitarnos a la dejadez, la pereza y la desidia, buscan enseñarnos la mesura y advertirnos de que nuestro ímpetu nunca debería empujarnos al extremismo, puesto que el Islam no está para complicarnos la vida ni hacer difícil la vida de quienes nos rodean, sino para perfeccionar nuestro carácter, mejorar nuestras relaciones y llenarlas de felicidad.

En medio de Ramadán, debemos tener entre ceja y ceja una enseñanza central del Islam: la moderación y el término medio en todo.

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