“Temer o no temer”, ése es el dilema

Por Hisham Muhammad

En París no solo se ha cometido un acto de homicidio colectivo; un atentado que ha dejado cientos de muertos y heridos, y ha causado un gran dolor a sus familias, sus amigos y al conjunto de la sociedad. Esos son únicamente los daños iniciales e instantáneos de atrocidades como estas. Hay un daño más extenso y que afecta de manera más duradera y profunda a la sociedad. Se trata de la merma de nuestro estado psicológico colectivo que oscila entre el miedo y la rabia, o mezcla ambos sentimientos. Se ha sembrado el miedo y el terror entre la población de la metrópolis parisina en particular, y por extensión, en la totalidad de Francia e incluso otros países europeos.

Evidentemente, todo grupo terrorista tiene como principal objetivo sembrar miedo y terror. Mientras que el mayor desafío que afronta nuestra sociedad es evitar que el miedo se apodere de ella. De permitir que ello ocurra, los terroristas habrán prevalecido y se habrán salido con la suya. Aunque el miedo que busca crear este terrorismo “daeshiano” en particular, que podemos calificar de todo menos de islámico, se asemeja a un monstruo tricefálico.

Con una cabeza intenta infundir un miedo al conjunto de la sociedad hacia los propios terroristas. Buscan con ello truncar el desarrollo de la vida con normalidad y esto les hace sentirse en control, importantes en nuestras vidas e influyentes sobre las mismas.

Con su segundo rostro inhumano busca generalizar el miedo y el recelo de la sociedad hacia su comunidad musulmana. Se trata de un afán por acrecentar esta antigua-nueva fobia que está en un alza alarmante y que es conocida como islamofobia. Cuanto más se propaga la islamofobia, más grande es la probabilidad de que algunos jóvenes musulmanes dejen atrás su “sueño europeo” cada vez menos alcanzable y unirse a estos grupos armados. Y por eso es necesaria una ley integral firme y efectiva contra los delitos y crímenes de odio que con una creciente frecuencia destilan de la islamofobia.

Y por último, y no por ello menos importante, la tercera cabeza se asoma en búsqueda del verdadero capital de este Estado antonímico a todo lo islámico. Se trata de generar el suficiente miedo en los propios musulmanes como para disuadirles de seguir practicando su religión de forma libre y abierta por temor a represalias. En este sentido, DAESH comparte objetivos claramente con la ultraderecha. A ambas tendencias ideológicas nocivas les interesa que los musulmanes nunca lleguen a vivir su espiritualidad con normalidad en Europa.

Son precisamente estos miedos los que los ideólogos de DAESH buscan aprovechar y explotar al máximo en su propaganda para convencer a los musulmanes europeos de que no son bienvenidos en el viejo continente. Les interesa aumentar la discriminación y producir una peligrosa fractura social. El desarraigo resultante, que es provocado y remediable, es el hueso perdido de los perros de DAESH que ahora buscan desenterrar para acabar convirtiendo a los jóvenes en presa fácil de su propaganda y su demagogia radical.

Ahora más que nunca, la sociedad europea debe armarse de sabiduría y ser consciente de que el pánico y la falta de empatía hacia sus conciudadanos musulmanes harán un flaco favor a los esfuerzos de erradicación del radicalismo. Debemos guardar nuestra cohesión social e inmunizarnos contra estas divisiones y demonizaciones sectarias.
Si Shakespeare estuviese entre nosotros diría que el dilema ahora es “temer o no temer”. En nuestras manos está impedir que prevalezca el miedo.

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