La violencia contra las mujeres: un terrorismo que no protagoniza los titulares

[Artículo publicado en Córdoba Internacional TV]

Por Hisham Muhammed
@cirujanodelalma

En el día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres que se celebra cada 25 de noviembre, no debemos dejar pasar la ocasión de reflexionar acerca de la violencia en general, y la violencia contra las mujeres en particular. Y es que vivimos en un mundo violento; un mundo de extremismos. Un mundo en el que, desafortunadamente, algunas relaciones no tardan en saltar del amor extremo a la violencia extrema. Y quizás, si pudiésemos dar con una definición de nuestra época, llegaríamos a la conclusión de que es la época de la violencia por antonomasia. Aquella violencia que pronosticó el Profeta Muhammad, la paz sea con él, en un hadiz auténtico narrado por el Imam Muslim: “Juro por Aquel en cuya mano está mi alma que el mundo no desaparecerá hasta que llegue un día en el que ni el verdugo sabrá por qué mata ni la víctima sabrá por qué ha sido matada.”

Se trata de una violencia sistematizada, normalizada y que nos es inculcada desde una edad cada vez más temprana a través de diferentes mecanismos de adoctrinamiento que llamamos “cultura popular”; el cine, algunos estilos musicales, videojuegos, etc. Se puede hablar incluso de una violencia institucionalizada.

Sin embargo, las definiciones clásicas y convencionales de la violencia necesitan una seria revisión. Se define la violencia como el arma de los más fuertes, los más potentes, contra los indefensos. Pero en la mayoría de las ocasiones, es todo lo contrario.

La violencia es una herramienta que expresa aspectos de debilidad. Si bien para ejercer la violencia se requiere tener una fortaleza física o tecnológica, existe una debilidad subyacente, sea intelectual, sea espiritual, sea moral, sea psicológica, etc.

Por lo tanto, la violencia es una expresión de impotencia y de frustración. Cuando un país o grupo de países es incapaz de mantener a otro bajo su control, recurre a la violencia y a la guerra. Algunos padres incapaces de mantener su autoridad de manera cívica recurren a la violencia, sea física o psicológica. Cuando un marido comprende la relación conyugal como una relación de poderes y, en su lucha por mantener el control, ve peligrar algún tipo de superioridad, sea real o ficticia y preconcebida, recurre a la violencia verbal o física para subyugar a su pareja.

Si a esa visión de algunos hombres que creen que la violencia es la manera normal o ideal de resolver conflictos, añadimos la ausencia de una conciencia viva y unos principios éticos y morales, entonces los actos de los violentos se ceban con los más indefensos y los más vulnerables. Por eso, el Profeta Muhammad, que la paz sea con él, dijo:

“Siempre que la gentileza está presente en algo, lo embellece. Y siempre que se retira de algo, lo afea.”

Siendo la gentileza (rifq) el antónimo y lo contrario de la violencia (‘unf), aprendemos de este dicho profético que aquellos individuos o colectivos que se caracterizan por la violencia son feos, disprovistos de ética y estética ante Allah. Mientras que quienes adoptan la gentileza y la no violencia como forma de tratar con su alrededor, se embeben de una belleza profunda.

La persona machista, lógicamente, odiará mis palabras y detestará el contenido de este artículo. Aunque quizás se olvide de que con ello se está tirando piedras contra su propio tejado. Puesto que cualquier intento de proteger y empoderar a las mujeres es, en realidad, una protección y una empoderamiento a sus propias hijas y nietas.

Son muchas las revisiones que debemos realizar de nuestra noción de violencia. ¿Es la cosificación de la mujer y su uso como un producto más un tipo de violencia? ¿Es la prostitución, por muy consensuada que sea, un tipo de violencia? Y si lo es, ¿por qué se legaliza la violencia?

¿Es la pornografía y la deshumanización que dicha industria conlleva una clase de violencia contra la mujer? Si la respuesta es afirmativa, ¿por qué se permite que sea una industria en continuo auge? Y lo más importante, ¿cómo incrementa la pornografía la misoginia? ¿Cómo fomenta esta industria las diferentes manifestaciones de la violencia contra la mujer?

Son demasiados los interrogantes que se pueden plantear acerca de nuestras definiciones de la violencia. Preguntas no sólo referentes a la violencia que sufren las mujeres, sino también aquella que sufrimos como sociedades. ¿Existe una violencia económica? ¿Es la usura una variedad de dicha violencia económica?

Hablando estrictamente de la violencia hacia la mujer. No me dedicaré a aclarar algunos de los textos islámicos peor traducidos e interpretados que son usados sea para justificar la violencia machista o para indicar, explícita o implícitamente, que el islam es una religión machista. Sí que voy a establecer como base inamovible que la comprensión de cualquier texto coránico o dicho del Profeta Muhammad, la paz sea con él, como una incitación a la violencia contra la mujer es una comprensión torpe, retorcida y desfigurada. Es más, me atrevo a decir que es una rudeza hacia la persona del Profeta en la que ningún musulmán debería caer.

El buen trato y la cortesía hacia las mujeres son establecidos por el Profeta Muhammad, que la paz sea con él, como criterios para discernir entre la virtud de los hombres:

“Los mejores de vosotros son quienes traten mejor a sus mujeres, y yo soy el que mejor trata a sus mujeres.” (Narrado por Al Tirmidhi)

El trato gentil y bondadoso hacia la mujer queda fijado por el Profeta Muhammad, la paz sea con él, como un indicador de una personalidad noble y un carácter refinado. Mientras que el maltrato hacia ellas es señal de una naturaleza vil y grosera.

Igualmente, expresó en diferentes ocasiones su deseo y afán de empoderar a la mujer, y en una súplica a Allah dijo: “¡Oh Allah! (Sé testigo de que) Advierto fuertemente contra el abuso de los derechos de los dos frágiles: las mujeres y los huérfanos.” Afortunadamente, esa fragilidad es cada vez menos aguda gracias a la introducción de mecanismos que ayudan a proteger a las mujeres y prevenir contra los abusos machistas.

Por otra parte, la violencia es el resultado directo de nuestro desconocimiento de nosotros mismos como individuos y como humanos. Un hombre sólo puede agredir a su mujer si pierde de vista que su madre, su hermana o, en su caso, su hija, son también mujeres que comparten con la mujer a la que agrede la misma dignidad.

Una persona violenta, lo es porque ignora su “nafs” (ego o alma) así como los motivos que arraigan su irascibilidad. Y es precisamente ese desconocimiento lo que le hace endeble magnificando su actitud violenta.

La violencia machista, por lo tanto, sólo puede ser el fruto amargo de un desconocimiento profundo de la relación que nos debería unir entre hombres y mujeres. No tiene porqué ser una reproducción de esa mítica relación conflictiva entre la acuática y escurridiza Venus y el bélico y violento Marte. Contradiciendo el título de la obra de John Gray, podemos afirmar que ni los hombres son de Marte ni las mujeres son de Venus. Porque, parafraseando al Profeta Muhammad, que la paz sea con él, creemos que todos somos “de Adán y Adán es de tierra.” Si volviésemos a ese estado adámico genuino  e ingenuo en el sentido benigno de la palabra, comprenderíamos la esencia de la igualdad entre hombres y mujeres. Y si desde esa sustancia terrestre que nos une, escalamos algunos peldaños espirituales llegaríamos al estado de servidumbre a Allah. Una servidumbre en la que somos todos, señoras y señores, siervos del Señor.

Más bien, el criterio de dicha relación lo establece el famoso hadiz del Profeta Muhammad, que la paz sea con él, que establece que mujeres y hombres son “shaqa’iq”; es decir, mitades que se corresponden y se complementan entre sí, con un claro matiz de fraternidad y harmonía en esa palabra árabe.

Así pues, aquellos hombres cuya visión del mundo se encuentra estancada en el machismo deben saber que es su ignorancia y su arrogancia las que les convencen de que sólo a través de la violencia y únicamente a través de doblegar a otras personas podrán conseguir sus propósitos.

Aunque, el hecho es que el Mensajero de Allah afirma justo lo contrario al decir: “Ciertamente Allah es Gentil, ama la gentileza y otorga a través de ella lo que no otorga a través de la violencia.”

Asimismo, dijo, que la paz sea con él, en su último sermón; en ese testamento universal y eterno que pronunció en la época más sagrada del año y el lugar más sagrado de la tierra: “Os encomiendo el buen trato a las mujeres.”

Son muchos los textos sagrados a citar y los conceptos islámicos que podemos evocar en este ámbito. Textos que instauran más allá de cualquier duda la ilicitud de la violencia contra la mujer así como la importancia del tema.

Los abusos contra las mujeres son, sin duda alguna, una forma de terrorismo que atenta, no sólo contra la dignidad y la integridad física y psicológica de la propia mujer, sino contra la familia como institución. Las estadísticas indican que los niños que malviven bajo un ambiente de violencia hacia sus madres corren un alto riesgo de convertirse en futuros terroristas machistas, mientras que las niñas que ven sufrir de esa forma a sus madres corren el mismo riesgo de convertirse en futuras víctimas de dicho terrorismo.

Debemos romper todos estos ciclos de violencia que plagan nuestras relaciones interhumanas. Es nuestra obligación como individuos y como sociedades intensificar nuestra lucha contra todo tipo de violencia contra la mujer; un terrorismo que, si bien no es el protagonista de los titulares de la prensa, es igual de destructivo que los demás.

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