10 puntos en común entre DAESH y los discursos islamófobos

Por Hisham Muhammad

Donald Trump anunció con aires de dictadura su candidatura y Al Baghdadi se autoproclamó califa de su efímero estado desacrando un púlpito en Mosul. A simple vista parecen dos polos opuestos, pero si nos escuchamos más detenidamente y analizamos sus palabras, vemos que tanto los discursos xenófobos como los discursos de grupos extremistas como DAESH comparten muchos denominadores comunes.

trump

Físicamente, parece que la poblada barba negra de Al Baghdadi contrasta con el famoso flequillo rubio de Trump. Pero, más allá de sus apariencias físicas, sus extremismos se retroalimentan; son dos caras de la misma moneda. No es sólo su violencia verbal e incluso física, sino también su falta de empatía y compasión. Los denominadores comunes van mucho más allá y éstos son diez de los más destacados.

1. Lectura selectiva de los textos sagrados

Tanto los islamófobos como los extremistas eligen las partes de los textos sagrados que les convienen y justifican su discurso, mientras deshacen las demás partes que constituyen la base de las reglas éticas y morales de las diferentes religiones y que rompen su discurso de odio. Así pues, tanto los ideólogos de la retórica anti-musulmana como Daniel Pipes o Geert Wilders como los propagandistas de DAESH omiten los miles de pasajes del Corán que hablan explícita o implícitamente de misericordia, de paz y de la hermandad humana.

2. Retórica maniqueísta

Si algo caracteriza al mundo en el que vivimos es su diversidad. Una diversidad que, por cierto y a pesar de quienes la odian, está aquí para quedarse. Aunque, desgraciadamente, los fanatismos ven el mundo en blanco y negro. Les molesta la diversidad porque menoscaba su visión maniquea y reduccionista de la realidad. Suelen dividir la humanidad de manera simplista en “buenos” y “malos” y es una división que atrae a los simplones. ¿A qué se debe esta incapacidad de aceptar la diversidad?

3. Ignorancia de sus militantes

Generalmente hablando, los militantes de grupos terroristas y xenófobos no son doctores en filosofía. La mayoría de los jóvenes que se unen al ISIS o a Hogar Social en Madrid son personas de un nivel intelectual mediocre. Y es que una buena educación eleva de manera exponencial la capacidad del individuo a aceptar la diversidad, a respetar a los demás y, aunque no comparta sus ideas, a razonar y defender las suyas de manera argumentada y pacífica. Por ello, los grupos terroristas así como los partidos y grupos xenófobos no se dirigen precisamente a las cátedras universitarias para reclutar a nuevos seguidores. Más bien, para difundir su veneno ideológico se aprovechan de las situaciones de crisis para canjear frustración por odio. De allí que se dirijan principalmente a los barrios más marginados donde encuentran su caldo de cultivo que tiene la ignorancia como ingrediente indispensable.

4. Búsqueda desesperada de cabeza de turco

La demagogia necesita siempre un chivo expiatorio. Hoy con la victimización de los musulmanes parece que la historia se repite, ya que la propia expresión “cabeza de turco” es un remanente de las Cruzadas cuando la cabeza de un musulmán (conocido como turco) eran colgadas en los mástiles de los barcos o alzadas con lanzas y los cruzados le tachaban de todos los males habidos y por haber. Trump en EE.UU. o Marine Le Pen en Francia son claros ejemplos de esto. En el caso de Trump, ha expresado en varias ocasiones que todos los males que aquejan a Estados Unidos, desde la delincuencia y la pedofilia hasta el terrorismo, son culpa de mexicanos y musulmanes. Por lo tanto, según él, a México habría que aislarlo con una valla protectora y a los musulmanes habría que impedirles la entrada directamente con un “Muslim Ban” (literalmente una prohibición de los musulmanes) Recurrir a esa búsqueda del chivo expiatorio indica una inmadurez y se debe principalmente a que son personas incapaces de ser autocríticas. Por supuesto, Donald Trump se considera el hombre más inteligente, más guapo, con el mejor flequillo de la historia. Mientras que quienes lo vemos desde fuera de su halo egocentrista, digamos que lamentamos diferir. Omar Maateen, el terrorista bipolar de Orlando demonizaba a los homosexuales a pesar de que cada vez emergen más evidencias de que él mismo tenía inclinaciones homosexuales. Y para Anders Breivik en Noruega los culpables del declive de la Europa blanca y cristiana son los socialistas y su multiculturalismo.

5. Obsesión medievalista

Charles Martel, Carlomagno, El Cid Campeador, etc. son los ídolos y héroes de la mitología islamófoba, mientras que si vemos los nombres de las facciones y los grupos extremistas vemos la presencia de personajes como Saladino, cuya benevolencia es confirmada incluso por sus máximos adversarios. Además, destacan simbologías como la cruz de San Jorge en Inglaterra, espadas míticas, escudos y dragones. Todo apunta a una obsesión con la recuperación de una gloria perdida: las Cruzadas, Al Ándalus, etc.

6. División geográfica anacrónica

Los extremismos son inadaptaciones a los tiempos que corren en un mundo cada vez más globalizado, más interconectado y donde la inmensa mayoría de quienes lo habitamos ansiamos vivir en paz. Esta incapacidad de comprender la realidad en la que vivimos lleva a algunos a trazar un mapa inadecuado y anacrónico del mundo. De allí, que a pesar de los innumerables tratados de cooperación y paz que unen a los distintos países del mundo, Donald Trump se empeña en engendrar divisiones, construir muros y vetar a millones de personas de entrar a EE.UU. por el mero hecho de profesar una religión dada. Por otro lado, grupos como DAESH aún están hablando de “Dar al Islam” (territorio de Islam) Vs “Dar al Harb” (territorio de guerra), a pesar de que haya millones de musulmanes viviendo en países no musulmanes, y millones de no musulmanes viviendo en países musulmanes.

7. Visión apocalíptica

Tampoco es una coincidencia que DAESH pusiera a su publicación el nombre de Dabiq, un lugar de Siria con connotaciones apocalípticas, o que vean la actual alianza internacional para erradicar su terrorismo como el cumplimiento de una profecía que allana el camino a una batalla final equivalente al Armagedon.

Por otro lado, no es ninguna coincidencia que tanto Geroge W. Bush como Trump obtuviesen su mayor nivel de apoyo político en el Cinturón de la Biblia estadounidense o Bible Belt; territorios donde amplios sectores de la sociedad son ultrarreligiosos y donde resuena con fuerza el discurso apocalíptico de Trump. Él les pinta de negro la realidad nacional e internacional, y ellos los interpretan a la luz de creencias como la segunda llegada de Jesucristo, la batalla de Armagedon y, sobre todo, el papel de Israel en ello. De hecho, un estudio del prestigioso Centro Pew de Investigación revela que el 41% de los estadounidenses tiene la certeza de que Jesucristo volverá definitivamente antes del año 2050. Dicho porcentaje sube hasta un 58% entre la comunidad evangélica blanca.

Cuando Trump dijo eso de “no podemos vivir así. No podemos tener más (ataques como el del) World Trade Center. Todo va a empeorar más y más.” la multitud se puso de pie y le dedicó una gran ovación. Ello indica una obsesión con lo apocalíptico que está profundamente incrustada en su psique como nación. Trump les pinta a sus votantes un mundo oscuro en el cual él se proclama como redentor.

De hecho ofrece soluciones Donald Trump introducen escenarios muy apocalípticos y posturas extremas ante las amenazas existenciales a Estados Unidos. Sus remedios parecen, de hecho, sacadas de la serie de ficción The Walking Dead: un muro para aislarse de México que representa, según él, hordas de violadores y asesinos, y hacer redadas para cazar a los musulmanes que sólo se dedican a preparar complots terroristas.

8. Teorías de conspiración

Ambos bandos emplean el miedo para provocar un efecto rebaño tanto entre sus seguidores como en los sectores de la sociedad propensos a creerse sus discursos sesgados. Por un lado, los islamófobos presentan el Islam como un ogro y juegan con el imaginario colectivo para advertir de que “los musulmanes vienen a conquistarnos de nuevo” y que los “los hermanos musulmanes quieren extender sus tentáculos por el mundo”. Por otro, además del típico discurso derrotista que culpa a la “conspiración sionista” por cualquier fracaso al mundo árabe y musulmán, los grupos extremistas hablan en términos temporalmente desfasados. Mencionan de manera recurrente aquello que denominan “coalición de cruzados”. Una alianza que, según ellos, viene empujada por razones religiosas comparables a las que impulsaron a las terribles cruzadas de la Edad Media. Cualquiera que tenga algo de conocimiento y sensatez sabe que la única religión que lleva a las potencias mundiales a invadir a otros países es la del dinero y que los únicos púlpitos y altares que lo predican no están en el Vaticano sino en Wall Street.

9. Monopolio de valores

Ambos se pronuncian desde una instancia moral suprema y adoptan un discurso moralista que desprecia los valores del otro. ¿Cuántas veces hemos oído a tertulianos de las televisiones hablar de los valores occidentales? Y siempre me he preguntado ¿cuáles son? ¿Dónde termina Occidente y dónde empieza Oriente?

La libertad, la justicia, el civismo, la dignidad, la sacralidad de la vida humana… Todos estos y muchos más son valores que fueron establecidos en diferentes puntos del planeta. Su formulación actual de manera universal se supone que procede de una organización mundial que es la ONU y que trasciende esa bipolaridad. Son valores humanos, ni son occidentales ni son orientales.

10. Ambos odian a los refugiados

Además del régimen de Asad en Siria y la represión de las milicias en Iraq, DAESH es uno de los principales factores que impulsa a sirios e iraquíes a abandonar sus hogares. Los grupos extremistas odian a los refugiados porque desmontan su narrativa del mundo. Si dichos grupos se esfuerzan supuestamente para establecer un mundo justo, virtuoso y utópico, ¿por qué entonces aquellos que viven bajo su dominio anhelan escapar de allí? Vemos aquí una contradicción clara entre algunos ideales que alzan dichos grupos y la realidad que generan sus actos criminales. Y es algo que contrasta con la sociedad de Medina constituida por el profeta Muhammad que se convirtió en un refugio para los desamparados y un referente en términos de justicia y civismo.

Los refugiados son odiados de igual manera por los partidos de extrema derecha y los grupos islamófobos puesto que les consideran un ente foráneo que viene a destruir Europa. De hecho, la narrativa de dichos grupos retrata Europa como una mujer a la que los refugiados intentan agredir. Pero se olvidan de que las mayores contribuciones a las sociedades modernas fueron llevadas a cabo por refugiados o hijos de refugiados. Dos personajes icónicos que ilustran este hecho son Albert Einstein y Steve Jobs.

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