¿Cuál de los dos 4 de julio debería yo festejar?

El 4 de julio puede que sea un día cualquiera en gran parte del mundo, pero en EE.UU. se vive el día entre juegos artificiales, desfiles y un sentimiento que en más de una ocasión rebasa esa línea que separa el patriotismo del chauvinismo. Se conmemora la declaración de la independencia de 1774 de EE.UU. o al menos los treces estados que constituían la unión hasta entonces de lo que ellos llamaban “el yugo británico”. Aunque dicha liberación no se conseguiría de manera completa hasta una década más tarde en 1783 con el tratado de París. Una década marcada eso sí por una sangrienta guerra contra las fuerzas inglesas.

No obstante, casi 600 años antes, el 4 de julio de 1187, también se producía una batalla muy decisiva en la cual se logró una importantísima liberación de otro yugo: el de los cruzados.

Se trata de la batalla de Hittin desarrollada al Oeste del mar de Galilea, en Palestina, entre el ejército cruzado, por una parte, formado principalmente por templarios bajo el mando de Guido de Lusignan, rey de Jerusalén y Reinaldo de Chatillón, y por otra parte el bando del Sultán Salahuddín Al Ayyubí, conocido como Saladino. La batalla concluyó con la victoria aplastante del bando musulmán.

Esta batalla ponía prácticamente fin a uno de los episodios más violentos de la historia, la Primera Cruzada lanzada por el Papa Urbano II en 1095. Una larga lista de historiadores afirman que estas cruzadas sólo pueden ser entendidas teniendo en cuenta la limpieza étnica de la profundamente ideológica y mal llamada Reconquista en la península ibérica. El hecho es que este llamamiento papal a “purificar Tierra Santa de los sarracenos”, se inspiró en los caballeros francos y germánicos que habían participado en la violencia anti-musulmana en Iberia. Ello también atrajo a líderes religiosos y feudales para protagonizar sus propias cruzadas particulares. Un claro ejemplo de ello es la “cruzada de los pobres” liderada por el clérigo francés Pedro el Ermitaño que marchó hacia Jerusalén, aunque a su paso por Alemania llevó a cabo terribles matanzas contra la comunidad judía de la región.

Dos años después de la convocatoria beliciosa del para Urbano II, precisamente otro 4 de julio de 1097, dicha la Primera Cruzada se adentraba en Asia a través de la ciudad de Constantinopla, la actual Estambul, y acababa con la resistencia musulmana en la ciudad de Nicea.

Dicha cruzada fue una brutal campaña militar que aprovechó los profundos prejuicios que corrían en Europa contra el mundo musulmán para lograr más poder para la hegemonía eclesiástica y la nobleza europeas. Impulsados por estas pretensiones de dominar al cristianismo bizantino (la iglesia del este) y al mundo musulmán, los cruzados perpetraron una invasión a gran escala que dejó cientos de miles de muertos y heridas en la memoria colectiva de Oriente Próximo que perduraron a través de los siglos.

La toma de Jerusalén por las hordas cruzadas fue especialmente violenta y tuvo lugar también en julio del año 1099.battle_hattin Resultó en un grave genocidio de musulmanes, judíos e incluso cristianos de otras denominaciones que la autoridad papal consideraba herejes dignos de pasar por la espada. Con este baño de sangre se fundó el reino cristiano de Jerusalén. Otros reinos cruzados establecidos en la zona fueron Edesa, Antioquía, Tripoli, Yafa, Ascalón, Galilea y Sidón. El yugo cruzado a la ciudad de Jerusalén duró un total de casi 100 años.

La Batalla de Hittin allanó el camino a la Reconquista de Jerusalén que se produjo finalmente en octubre de 1187.  El príncipe Balián negoció con Saladino la entrega de la ciudad y Saladino tomó como prisioneros a la nobleza de la ciudad, incluido el Rey Guido de Lusignan, y liberó tanto a las mujeres de la nobleza, la población cristiana de la ciudad como a los miles de musulmanes que vivían allí esclavizados. Tres días después de la conquista de Jerusalén, Saladino ordenó la reapertura de la Iglesia del Santo Sepulcro y dio salvoconducto a los peregrinos cristianos a los lugares sagrados de la ciudad.

Según el crónico de las cruzadas Ernould de Bernard de Tresorie, al llegar la noticia de la derrota cruzada en Hittin a oídos del Para Urbano III, éste cayó fulminado y murió de shock.

Cuando Joscio, el arzobispo de Tiro, le contó al Papa Gregorio VII cómo se produjo la desastroza derrota de Hittin, éste emitió la famosa bula de Audita Tremendi llamando a una tercera cruzada y se empezó a recaudar fondos para esta nueva campaña militar contra el mundo musulmán. De hecho, a pesar de la inigualable indulgencia que había mostrado Saladino con los invasores, en Inglaterra y Francia se impuso en 1188 un impuesto específico para financiar la nueva guerra y lo llamaron el Tributo de Saladino.

Hoy los musulmanes del mundo no ven gran diferencia entre las cruzadas que cosecharon innumerables vidas en la Edad Media y la situación que se vive en Jerusalén en particular y en Palestina en general bajo las autoridades sionistas. La gran paradoja es que Estados Unidos festeja el día que le trajo su independencia, aunque al mismo tiempo apoya, arma y mima a Israel, estrangulando así la posibilidad de la independencia del pueblo palestino. Así que dime, querido lector, ¿cuál de los dos 4 de julio se supone que debería yo festejar?

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