La discapacidad desde un punto de vista islámico

Es difícil encontrar una referencia explícita a la discapacidad en el Corán. Sin embargo, cualquier conocedor de la vida del Profeta Muhammad sabe que, a diferencia de la tendencia dominante en las civilizaciones de la época que buscaban anular la presencia de las personas discapacitadas y las consideraban en algunos casos como una maldición; Muhammad, la Paz sea con él, quiso destacarlas como personas normales y corrientes, y luchó contra esos tabúes y esas supersticiones que dificultaban su existencia y las convertían en parias.

La mención más recurrente en el Corán a las personas con discapacidad se formula para concienciar en contra de cualquier dificultad o inconveniente (حرج) que las sociedades les imponían. De hecho, curiosamente, uno de los pasajes más largos del Corán habla de este tema: [24:61] «No hay inconveniente para el ciego, ni hay inconveniente para el lisiado, ni hay inconveniente para el enfermo, ni para ninguno de vosotros en que comáis de lo que haya en vuestras casas…» La aleya, insisto, es más larga y como vemos empieza negando cuatro veces esos inconvenientes. ¿A cuáles se refiere?

La interpretación más clara y concisa es aquella de Al Dahhak que dice que en algunas sociedades preislámica la gente se negaba a tener como convites a personas ciegas o lisiadas ya que las veían con desdén y les provocada asco comer con ellas.

Además, Sayyid Tantawi, difunto muftí de Al Azhar comentó de manera muy bella esta aleya en su tafsir y concluye diciendo que la finalidad del texto coránico es anular esa discriminación que sufrían las personas con discapacidad, hacerles la vida más fácil y, en definitiva, aumentar su calidad de vida.

Asimismo hay otros pasajes que hacen referencia a exenciones que atañan a las personas con discapacidad a la hora de practicar diferentes actos religiosos como las abluciones, la oración o el ayuno.

Sin duda, la mención más célebrea y explícita a una persona con discapacidad es aquella que hallamos en el capítulo 80, titulado ‘Abasa y que comienza con la mención de un hombre ciego que vino a preguntar al Profeta Muhammad (que la paz sea con él) mientras éste atendía a una persona más pudiente e influyente de la Meca. El Profeta, dió prioridad a dicha persona sobre el ciego que le intentaba consultar algo.

De allí que fueran reveladas estas aleyas reprochando al Profeta Muhammad por esa falta de atención al hombre ciego. El capítulo 80 comienza de la siguiente forma:

( 1 ) Frunció el ceño y se apartó

( 2 ) porque vino a él el ciego.

( 3 ) ¿Pero quién sabe?, tal vez se purifique,

( 4 ) o recuerde y le beneficie el Recuerdo.

( 5 ) Al que es rico,

( 6 ) le dedicas atención;

( 7 ) cuando no es responsabilidad tuya que se purifique.

( 8 ) Mientras quien viene a ti con afán

( 9 ) y es temeroso,

( 10 ) te despreocupas de él.

Si nos fijamos, todo el pasaje da poquísimo protagonismo a la discapacidad de dicho hombre. Sólo se refiere una vez a él como ciego, dando a entender que debe recibir la misma atención y el mismo tiempo que cualquier otra persona. Este hombre ciego pero clarividente de corazón es Abdullah Ibn Umm Maktum. Pasó a ser uno de los compañeros más cercanos del Profeta, y cuando éste se fue de Medina, dejó como líder de la ciudad a Abdullah Ibn Maktum… Sí, el ciego. Además fue el almuecin que hacía la llamada a la oración junto con Bilal el abisinio, que Allah esté complacido con todos. Y cuando lo veía el Profeta Muhammad, que la paz sea con él, decía: «Bienvenido sea aquel acerca de quien me reprochó mi Señor.»

Sin embargo, muchos lectores del Corán entienden mal este pasaje coránico. Creen que el Profeta Muhammad, que la paz sea con él, desatendió a esa persona invidente por el hecho de su discapacidad. Nada podría estar más lejos de la verdad y del carácter del Profeta Muhammad. Conociéndole bien, es inimaginable que discriminara a uno de sus compañeros por el hecho de ser ciego. La historia es más sutil.

En realidad, Abdullah Ibn Umm Maktum ya había aceptado el Islam cuando se produjo esta situación. Y vino al Profeta (P) para que le enseñara más acerca del Islam diciéndole insistentemente: «¡Oh Mensajero de Allah! Enséñame de lo que te enseñó Allah.» pel Profeta estaba ocupado atendiendo a una de las personas más importantes de Quraish que aún no habían aceptado el Islam pero estaba mostrando interés. De allí que el Profeta Muhammad hiciera un esfuerzo mental (ijtihad) para ver si era más prioritario seguir en esa conversación con esa persona que aún no había aceptado su mensaje o atender a Abdullah Ibn Umm Maktum que ya lo había hecho y cuya enseñanza quizás era menos urgente. La primera opción entrañaba una oportunidad que había esperado el Profeta durante mucho tiempo y que quizás no se iba a producir de nuevo. Era la oportunidad para convencer una persona influyente y, con él, hacer llegar el mensaje a decenas de personas que estaban bajo su influencia. La segunda opción era dejarle y atender a Abdullah Ibn Umm Maktum (r.a.) que ya era creyente desde los inicios de la misión profética de Muhammad (P) y cuya de ya estaba consolidada. El Profeta Muhammad vió que la primera opción era la más adecuada y pragmática. El Corán no tardó en corregirle e indicarle que lo éticamente correcto, más allá de pragmatismos, era haber elegido dar prioridad a la persona ciega.

Abdullah Ibn Umm Maktum era una persona ciega de vista pero clarividente de corazón. Y hay varios compañeros del Profeta Muhammad, así cómo grandes eruditos, alfaquies y juristas que tenían alguna discapacidad. Pero, a pesar de todo, lograron cosas que nosotros no seríamos capaces ni siquiera de imitar. Lo creas o no, los siguientes grandísimo sahaba (compañeros del Profeta) son algunos de quienes tuvieron algún tipo de discapacidad: Abdullah Ibn Abbas, Al Ahnaf Ibn Qays, Abdurrahman Ibn Auf, Amr Ibn Al Yamuh, Muadh Ibn Yabal…

De los grandes eruditos: Aban Ibn Uzman, Ibn Sirin, Al A’mash, Al A’ray, Al Tirmidhi, Qalun, entre otros.

Son muchísimas las recomendaciones y medidas que el Islam tomó hace 15 siglos para ofrecer facilidades a las personas discapacitadas. Por ejemplo, el califa omeya Omar Ibn Abdulaziz llevó a cabo un censo de las personas discapacitadas. El califa Al Walid Ibn Abdulmalik contruyó el primer hospital para leprosos, y ofreció un sirviente para cada persona con problemas de movilidad y un guía para toda persona invidente. Y el Imam Abu Hanifa estipuló en su jurisprudencia una cantidad de dinero que debía ser dedicada de la tesorería a los discapacitados.

Pienso que ese reproche de Allah a su mensajero, en realidad, entrañaba algo mucho más profundo. Sabiendo que se trata de un libro eterno como el Corán, la lección que se esconde detrás de toda la historia va dirigida a nosotros, y no es algo que esté circunscrito a una persona o una situación determinada. Se inmortaliza la mención de un destacado Sahabi (compañero del Profeta) discapacitado para vaciar el concepto de la discapacidad de toda la carga negativa y supersticiosa que lo llevaba acompañando durante milenios. Se dignifica a la persona discapacitada, se normaliza su condición en el siglo VII y, al convertirse en un principal almuédano, se le proclama como una persona muy capaz a pesar de su discapacidad.

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