La ausencia del castellano en los sermones del viernes… ¿Hasta cuándo?

Este Eid Al Fitr coincidió, en España y en la práctica totalidad del mundo, con un viernes. Eso significa que el mismo día se celebraron, primero, la oración matutina del Eid, y pocas horas después, la oración del viernes. Ambas con sus respectivos sermones. Son dos citas, una semanal y otra anual, para lanzar un mensaje a la comunidad, orientarla y guiarla.

Sin embargo, si comparamos el discurso de las mezquitas en España con otros países occidentales como Inglaterra o Estados Unidos, vemos que dichos países han recorrido un camino aún por recorrer en España. Allí se usa el idioma inteligible para la mayoría de la población (el inglés en este caso). Se emplea como lengua franca que entiende todo el mundo. En España, de momento, sigue costando introducir el español en los sermones, charlas y discursos más importantes en nuestros centros de culto.

Esta situación se debe a varios factores como el hecho de que el tipo de inmigración que recibieron países como EEUU, Inglaterra o Canadá se produjo décadas antes de que tuviera lugar un fenómeno de características similares en España. Y además, los inmigrantes que llegaron a dichos países tenían un nivel académico medio no sólo más elevado que los inmigrantes que llegaron a España, sino incluso más alto que la media en esos países de acogida. Por así decirlo, a Inglaterra o EEUU hubo una fuga de cerebros. A España hubo una llegada de mano de obra, por lo general, poco cualificada.

Siempre he tenido la convicción de que las mezquitas de España deben adaptar su lengua y su lenguaje a la coyuntura en la que nos encontramos. Me refiero a una coyuntura en la cual hay un aperturismo positivo por parte de muchos centros de culto islámicos y que se ve reflejado en los numerosas celebraciones abiertas de iftar y jornadas de puertas abiertas que se organizan para compartir puntos de vista con vecinos y autoridades locales. Un contexto, también, en el cual la juventud musulmana española habla con creciente dificultad el idioma que hablan sus padres y abuelos, y en el que no podemos permitir su aislamiento.

No hay que pensar que con reforzar el castellano, nuestros problemas van a desvanecerse por arte de magia. La introducción del inglés y su uso casi exclusivo en mezquitas del mundo anglosajón, mejoró las cosas pero ciertos problemas persisten y su erradicación depende de otros factores. El origen de dichos problemas, por ejemplo, se encuentra en otros países y realidades sociales ajenas a Occidente.

Para empezar, debo subrayar que la incorporación del castellano no conlleva la eliminación del árabe. Ambas lenguas deben ir de la mano y conformar juntas una comprensión más profunda de los textos sagrados. Asimismo, en las comunidades autónomas donde otras lenguas tengan carácter co-oficial, habrá que darles cabida y usarlas como lenguas vehiculares para transmitir mejor el mensaje y facilitar su comprensión. El idioma no es el fin en sí, sino el medio usado para lograr el objetivo que marca el Corán, que es el ‘tabyīn’ (la aclaración): “Y no hemos enviado ningún mensajero excepto en la lengua de su pueblo para así aclararles (el mensaje).” [El Sagrado Corán 14:4]

De hecho, esta necesidad cobró un carácter urgente para mí. Y ello después de mantener varias conversaciones con distintas personas de Ceuta y Melilla en el marco del Congreso de Intercultura Ceuta en Almería este año. Después, sólo pude corroborarlo en otros puntos de nuestro país.

Fueron personas de ambos sexos y distintas edades que se quejaron de no entender nada de lo que se dice durante los sermones del viernes en dichas ciudades autónomas.

Según lo que me comentaron, hay más de una veintena de mezquitas en Ceuta, por ejemplo, y ninguna usa el español en sus sermones o jutbas. Ello crea una necesidad generalizada que roza la desesperación. Y esta situación no se limita sólo a los jóvenes de Ceuta y Melilla sino que tuve conversaciones muy similares con personas mayores.

En Ceuta la mayoría de la población musulmana habla, además del castellano, su dialecto árabe ceutí. En Melilla, por lo contrario, el español coexiste con rifeño (dialecto de la lengua amazigh).

Estas conversaciones, me empujaron, ni corto ni perezoso, a lanzar una encuesta en las redes sociales para ver lo que opina la gente acerca de este tema. Por un lado, la opción de que el discurso de las mezquitas deban adaptarse e introducir el español en las jutbas ganó con 75% de los votos. Por otro lado, muchos de los que votaron la opción contraria fueron personas de Sudamérica donde la situación es distinta.
Es sabido que en Ceuta y Melilla existe un dominio del ministerio de asuntos religiosos marroquí que es el que proporciona los imames para los sermones del viernes. Ello obedece probablemente a un acuerdo entre ambos estados. Pero el nivel de español de la mayoría de dichos imames es prácticamente nulo.

Habría que ver también su formación y la naturaleza del discurso que ofrecen y su idoneidad en un contexto geográfico y social tan cambiante, complejo e incluso complicado. A ello hay que añadir las típicas jutbas impresas desde portales de países del Golfo u otros países y que se imparten en árabe en distintas mezquitas de toda España. Son textos ajeno a nuestro contexto, que no siempre aportan al mensaje de convivencia y ejercicio de la ciudadanía. Quizás porque son conceptos que o no interesan, o son prácticamente desconocido en esos países.

Siempre me he opuesto al intento de criminalizar a los imames; personas que respeto y a muchos de los cuales me unen relaciones de amistad. La mayoría de ellos, junto con los responsables de las diferentes mezquitas, apuestan por la introducción del castellano pero, muchas veces, carecen de los medios económicos y recursos humanos para realizarlo.

Personalmente, creo que es obvia la correlación entre el desconocimiento del islam, la dificultad de acceder a ello en español por parte de los jóvenes, y algunos problemas que afectan a la concepción del islam como una religión verdaderamente apta para cualquier contexto (las mezquitas en China hablan chino y las de Quebec, francés) y complicaciones ideológicas que, si bien son minoritarias, su daño es transcontinental; hablo de la propagación de ideas radicales.

En los siguientes cinco puntos intentaré plasmar algunas de mis preocupaciones al respecto:

1) Ante la ausencia de un discurso religioso islámico autóctono en español que tenga en cuenta las preocupaciones y aspiraciones de la población local y de los jóvenes en particular, algunas personas tienen varios conceptos ofuscados y numerosas confusiones puesto que no obtienen explicaciones claras, y aunque las escucharan no las entenderían al estar en un árabe, más o menos correcto, pero indudablemente muy lejano. Un árabe que no entienden. Muchos de ellos se dirigen, como consecuencia, a las redes sociales y foros de internet para saciar su sed de conocimiento y aclarar dichos conceptos. Buscan información en los motores de búsqueda, con los riesgos de manipulación y adoctrinamiento violento que ello conlleva, y el hecho de que las páginas que salen como resultados destacados pertenecen a los países más adinerados que se pueden permitir dirigir un caudal de dinero hacia Google.

2) Los discursos en las mezquitas son muy formales, en el sentido de que se centran demasiado en la forma (actos de adoración, vestimenta, etc.) y descuidan contenidos más esenciales que son la educación espiritual basada en la compasión. Esta ausencia de la educación espiritual, si bien no produce necesariamente mezquitas ultrasalafies, sí produce en ocasiones mezquitas confusas. Por supuesto, ello tiene que ver con un discurso, que debería sufrir muchos otros cambios a otros niveles. Aquí, por lo general, me centro sólo en el idioma.

Un factor indirecto de esta situación es la omnipresencia del discurso “seco” procedente, sobre todo, de algunos países del Golfo. Se trata de un discurso que, por ejemplo, se centra en debates prehistóricos (debates teológicos entre antiguas escuelas de pensamiento: literalistas, tradicionalistas, atomistas, antropoteístas, etc.) Dichos debates teológicos son milenarios, y hoy en día carecen de cualquier sentido plantearlos en un sermón del viernes. Se trata de aspectos técnicos que deben estudiar personas especializadas. Plantearlo ante una congregación genera más problemas de los que podría resolver.

En definitiva, es necesaria la adopción de un discurso actual y real, que trate los problemas del día a día de manera directa. Yo diría que falta originalidad en el planteamiento de dicho discurso. Debemos alejarnos de discursos importados de otras realidades y jutbas impresas de sitios web lejanos de nuestro contexto y nuestra jurisdicción. Así como estancarnos en sermones de lamentaciones por catástrofes (por lo general bélicas) en países distantes que sólo llevan a la frustración y a la ira.

No digo que sea un tabú y que no se pueda hablar de dichas realidades. Simplemente, hay que tener cuidado con dejar que aspectos políticos acaparen y monopolicen el discurso.

Hemos de recalcar las dimensiones social, ética, humanitaria y humanista presentes en el islam. Nos sobran argumentos para defenderlas. Un islam de los Derechos Humanos que apuesta por dar más protagonismo a las mujeres, y eliminar la esquizofrenia existencia en demasiadas mentes entre “los derechos de los musulmanes” y “los derechos de los no musulmanes”. Necesitamos un discurso que dejé claro que el único marco ineludible es la ciudadanía. Porque gracias a ese marco podemos ejercer nuestra religión abierta y libremente.

Todo ello, sin perder nuestra esencia, nuestros valores y nuestra identidad. Por ejemplo, apuesto por el islam sunni con su escuela de jurisprudencia malikí, que es el islam con arraigo el histórico reconocido oficialmente y salvaguardado por los famosos acuerdos del 92.

3) La incorporación del español en las mezquitas entraña un mensaje integrador. Es un símbolo de plena pertenencias a la sociedad española. No podemos infravalorar el poder simbólico de la lengua. Al ver que el idioma que se habla desde el púlpito es el español, uno (sea musulmán o no, haya nacido en España o no) concluye que ser musulmán y español no son en absoluto identidades que se anulan mutuamente. Se complementan, coexisten en la misma persona, añaden y no restan. Ser musulmán y occidental son dos cosas perfectamente compatible, y nada mejor que las mezquita para demostrarlo a gran escala.

4) Como mencioné al principio, la juventud musulmana española cada vez habla menos árabe, amazigh, wolof o urdu. El castellano es su lengua materna. Cualquiera que me conoce sabe el amor y la admiración que siento hacia árabe y hacia el árabe del Corán en particular. Pero no podemos usar como coartada constante el que deban aprender el árabe. No sólo estamos perdiendo tiempo, estamos perdiendo a los propios jóvenes.

5) Por culpa de esto estamos perdiendo a muchos jóvenes que tienen un fervor religioso y no ven en las mezquitas el lugar adecuado para canalizarlo. Pasa en Ceuta, en Melilla, en Cataluña, en Madrid y en muchos otros lugares donde lo constaté en muchas personas. Y ya ni hablemos de los miles de españoles musulmanes que entraron al islam y que se ven ‘fuera de juego’, sin posibilidad de aprender y progresar en su camino espiritual dentro de unas mezquitas que se supone que son de todos.

Cuando digo que estamos perdiendo jóvenes, no sólo me refiero al extremismo, sino también al uso y abuso de drogas (duras o blandas), con la potencial criminalidad y problemas familiares, sociales y de salud que ello conlleva. Con los consiguientes recursos requeridos para gestionarlos o solucionarlos. Quizás se trate sólo de jóvenes que no acuden a las mezquitas porque no se ven reflejados y representados en su discurso.

Por desgracia, las mezquitas que incluyen el castellano en sus contenidos siguen siendo una minoría. Una que decidió incorporarlo en Ceuta sufrió represalias supuestamente de sectores extremistas y se requirió la intervención de la policía. Ello demuestra que no todo el mundo acepta estas propuestas, que hay muchos intereses en juego que obstaculizan nuestro camino de y que, al fin y al cabo, no hay torpeza peor que tirarse piedras contra nuestro propio tejado.

Soy consciente de que este puñado de reflexiones necesita ser explicado y argumentado con más holgura y más ejemplos prácticos. Pero un artículo no da más de sí. Las expongo desde el amor que siento hacia la comunidad musulmana española y el resto de la sociedad. Ambas cosas son mi prioridad. Nuestros jóvenes son y deben ser siempre nuestro objetivo número uno de cara al futuro, por encima de cualquier agenda política o hegemonía religiosa y geopolítica que persiga cualquier país.

Creo que debemos apostar como comunidad musulmana por una estrategia marcada por la gradualidad, con objetivos claros a corto, medio y largo plazo. Quizás, la mejor vía es que tome la forma de una campaña a nivel nacional, que cuente con el apoyo de las juntas de las mezquitas y las federaciones que las representan y actúan como interlocutor oficial ante el Estado. Asimismo, un buen modo de marcar tendencia es el uso de las redes sociales para normalizar el uso del castellano en las mezquitas, para que otras empiecen así a incorporarlo espontáneamente. En mis muchos años de experiencia con las mezquitas he visto que han sido, son y seguirán siendo centros para difundir la bondad y la compasión y combatir el mal. Simplemente propongo que lo hagan incorporando más frecuentemente el idioma del país donde están, y así conseguir esos objetivos tan nobles con más fuerza y eficacia.

2 comentarios sobre “La ausencia del castellano en los sermones del viernes… ¿Hasta cuándo?

  1. Muy buen artículo, Hisham. Desde la perspectiva particular que me toca estoy especialmente de acuerdo con los puntos 1, 3 y 5. Gracias!

  2. Vivo en Melilla y los viernes está esa barrera entre el discurso y yo. Así que por eso no cuento con el sermón. Es un rezo mas como cualquier día, y es una pena.

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