¿Es el árabe un idioma europeo?

Por Hisham Muhammad

Hoy es el Día Europeo de las Lenguas. Se trata de una efeméride que impulsó la Unión Europea en 2001 para fomentar el aprendizaje de idiomas entre los ciudadanos de distintas edades dentro de la UE. Se enmarca dentro de políticas que son una referencia en todo el mundo para expandir el uso de las lenguas europeas a nivel internacional. Un buen ejemplo es aquel del Instituto Cervantes del cual tienen mucho que aprender los países árabes e islámicos a la hora de crear políticas acertadas para la divulgación de un idioma tan bonito y tan desconocido como es el árabe.

Siendo una persona políglota sumamente interesada en la lingüística, hay un idioma europeo que estudié con relativa profundidad; una lengua hoy destaca por su amplio uso, que se fraguó en una isla en la periferia del Viejo Continente uniendo componentes principalmente germánicos (anglosajones) y latinos (francés), y que hoy es, sin duda, el idioma más influyente en Europa y en todo el mundo. Me refiero al inglés, obviamente. Pero, el inglés moderno que tanto usamos (o no) sólo ha existido en una forma relativamente cercana a su forma actual a partir del siglo 16 (S.XVI) después de conocer grandes cambios en su pronunciación (especialmente la de las vocales) y en su grafía. Antes de esas fechas, las obras que nos constan en Inglés Medios (como por ejemplo las de Chaucer) son difícilmente legibles e inteligibles incluso para una persona nativa. Y ya ni hablar del Inglés Antiguo de los siglos 9 o 10 que se parece quizás más al sueco, danés o alemán que al inglés moderno. Esto se debe a factores sociales y políticos, como la, en aquel entonces, reciente llegada de migrantes germánicos a las Islas Británicas. Pues bien, cuando el inglés moderno aún se estaba gestando en el siglo 15, y mientras Londres era una ciudadela de 40.000 habitantes (especialmente después de la Peste Negra) y Dublín un pueblo de apenas 10.000, ya se habían escrito siglos antes algunas de las obras más importantes de Europa en árabe y las grandes mentes que “partían el bacalao de la intelectualidad” vivían en las grandes urbes andalusíes de Córdoba, Granada o Zaragoza y eran una referencia mundial en Filosofía, Teología (la influencia islámica sobre autores como Santo Tomás de Aquino es innegable), Astronomía, Medicina o Botánica.

Beowulf
Manuscrito de Beowulf – 975 – 1010 d.C.

Si el inglés es un idioma de apenas un milenio que sufrió cambios radicales en materia de fonética y morfología, el español también es un idioma relativamente joven y que conoció cambios comparables a los que conoció el inglés. El árabe, en cambio, ha conocido un destino bien distinto. Si bien ha evolucionado considerablemente en sus variantes dialectales. El árabe clásico usado por los autores medievales sigue siendo inteligible para cualquier lector común. De esta forma, si bien “Beowulf”, la obra más antigua en inglés antiguo (Siglo 9-Siglo 10) es casi imposible de entender hoy para un lector no especializado en Inglés Antiguo y necesitó de traducciones al inglés moderno, las obras árabes escritas en esa época siguen siendo leídas con total normalidad hoy en día sin necesidad de ninguna adaptación excepto algún apunte aclaratorio a pie de página. Esta longevidad del árabe, además de su expansión, se debe indiscutiblemente a una obra: El Corán.

El español es quizás uno de los idiomas europeo que más palabras árabes incorpora, sólo por detrás del turco o el bosnio. La influencia árabe sobre el español no se limita al léxico que incluye miles de arabismos. El árabe también dejó su huella en la gramática del castellano. Esta relación entre el árabe y el castellano se remonta a la incepción de éste último. No en vano, el nacimiento de la literatura española se da, según algunos expertos, con las Jarchas andalusíes bilingües que incorporaban el romance (castellano antiguo). El alifato árabe fue la grafía del castellano en esa curiosa codificación de la lengua conocida como aljamiado.

Es aquí, en la Hispania musulmana, donde el árabe produjo algunos de sus frutos literarios y científicos más selectos: la poesía andalusí, Averroes con su Colliget (Al Kulliyat fil Tibb – Principios Generales de Medicina), su discípulo judío Músa Ibn Maymún (Maimónides) que estudió en la Universidad de Al Qarawiyyin y escribió sus obras más importantes en árabe… Siglos antes de que el inglés fuese la lengua de Shakespeare, ya había escrito Ibn Tufayl su fascinante obra humanista de “Hayy Ibn Yaqdhan” (El filósofo autodidacta) a principios del siglo 12, e Ibn Hazm ya había sido uno de los autores más prolífico de la historia de la lengua árabe con sus obras de espíritu empírico en materia de jurisprudencia, ética, teología, etc. Aunque en España es conocido hoy más bien por una de sus obras quizás menos importantes: “El collar de la paloma”; notoriedad que debe quizás al prólogo (polémico, desde mi punto de vista) de Ortega y Gasset que abre la primera traducción al español por Emilio García Gómez.

Resultan incontables las obras en árabe escritas en territorio Europeo, particularmente en la península Ibérica y el sur de Italia. Y más difícil de seguir son los hilos de las influencias de sus autores sobre grandes pensadores y científicos europeos posteriores.

Sin duda, el árabe nació en Arabia y no en Andalucia. Se trata de averiguar cuál es idioma más europeo, ¿el árabe, el español o el inglés? Sería una búsqueda absurda. En cuestión de idiomas, poco espacio hay para puritanismos, ya que todos los idiomas han bebido de los afluentes de otros. Si nos ponemos a rizar el rizo, alguien podría argumentar que los orígenes del latín apuntan hacia Oriente y que los “primos hermanos” lingüísticos del griego están en Irán y la India. Y si seguimos la pista del abecedario que usamos, nos llevaría precisamente a la cuna de la civilización fenicia en el Líbano; concretamente a la ciudad de Biblos.

Preguntarse si el árabe es europeo es como preguntarse si el cristianismo es europeo. Jesús nació y vivió en Palestina (Asia) pero las interpretaciones de su mensaje que prevalecieron son las de Roma y la expansión del cristianismo fue obra principalmente de instituciones, poderes y países europeos. Del mismo modo, al no haber nacido en europa, el árabe no es un idioma europeo. Pero su desarrollo se produjo, en parte, en Europa. Por ello, el árabe sí que es un idioma de Europa. Es aquí donde dio a luz variantes puramente europeas como el andalusí y sus subcategorías como el mozárabe hablado por cristianos ibéricos araboparlantes. Fue un idioma de suma importancia en la producción literaria y científica en Europa. Y en definitiva, tal fue su peso en la trayectoria de la civilización europea, que sin ese ‘Nacimiento’ intelectual en lengua árabe no hubiese podido haber un Renacimiento. Este es un hecho que desconozcan muchos arabófonos y que les pesa a muchos ‘arabófobos’.

Hoy, lejos de ser una lengua muerta, el árabe es hablado por cientos de millones de personas. Sólo en Europa, cuenta con millones de hablantes. Gran parte de ellos no son inmigrantes sino ciudadanos europeos que, por cierto, hacen un poco menos viejo a este continente. El inglés, con su versatilidad, su adaptabilidad y su joven vigor reina en el ranking de idiomas, seguido por el iceberg castellano cuya punta está en Iberia mientras su grueso está a la otra orilla del Atlántico. El árabe sigue levantando sensaciones mixtas en Europa que van desde el miedo y la desconfianza (por razones políticas y no lingüísticas) hasta la admiración y la fascinación. En todo caso, el árabe es un idioma bonito, elocuente, y sobre todo, sigue siendo un ejemplo de lengua resistente y resiliente.

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