La desconocida Constitución de Medina

Todo pueblo tiene su “día de acción de gracias” particular. Eso sí, cada vez más secularizado. En EEUU lo acaban de celebrar como siempre el último jueves de noviembre. Aquí en España, si existe un día que une al pueblo español lejos de polémicas y discusiones es el día 6 de diciembre. Como todos sabemos se conmemora la celebración en 1978 del referéndum mediante el cual la mayoría del pueblo aprobó la actual Constitución.

El mundo ha cambiado bastante desde los 70, y se ha agudizado más el debate sobre si dicha carta magna debería conocer una “actualización” para adecuarse a la realidad del país en el siglo XXI. No soy ningún experto en la Constitución, pero sí sé que la época en la que se redactó el texto era mucho menos diversa étnica, política, intelectual, ideológica y religiosamente. Y, por lo tanto, cualquier cambio que favorezca a la inclusión social y el progreso de la sociedad en su conjunto, bienvenido sea.

Hay otra Constitución que precedió a la española unos 14 siglos, que es mucho menos conocida y de la que me gustaría hablar brevemente. Se trata de la Constitución o Carta de Medina. Es una de las primeras iniciativas que el Profeta Muhammad (P) llevó a cabo al llegar a la ciudad de Medina procedente de la Meca. Los musulmanes aún eran una minoría en una sociedad predominantemente judía y pagana. Es un caso curioso. Una minoría que gobierna a la mayoría, y legisla a través de un documento para la convivencia y la cooperación de todos los componentes del pueblo medinense.

La Carta enumera los clanes judíos que conformaban la ciudad y establece que son también una Umma (comunidad religiosa legítima) con su derecho al culto y a tener su propia jurisprudencia basada en la Torá. Pero el documento dedica gran parte de su texto a la declaración de unas responsabilidades comunes, sobre todo, para la defensa de la ciudad ante cualquier amenaza u ataque exterior.

Ibn Ishaaq en su Sira (biografía del Profeta) incluye el texto íntegro de la Carta. Y, si bien no es un documento originalmente redactado con la sofisticación de artículos y cláusulas, contiene claras distinciones del Statu Quo tribal preislámico y de la antigüedad en general.

Especialmente, al hacer hincapié en la responsabilidad personal de cada ciudadano que no es proyectable a su clan o familia. En otras palabras, es una noción de ciudadanía incipiente, que además, termina con el sistema tribal, con sus venganzas trans-generacionales.

Medina significa Ciudad. Y la Constitución de Medina abre una puerta en medio del desierto para la transición a la ciudadanía y el civismo.

No hablo de la Constitución de Medina desde un espíritu simplista e inocente que cree que todas las soluciones de la Modernidad están en “volver a la época del Profeta”. En parte porque no poseo una máquina del tiempo para volver. Y luego, la solución de nuestros problemas y la resolución de nuestros conflictos requiere bastante originalidad y profundidad en nuestra visión y una buena dosis de perspicacia que tenía el Profeta Muhammad, y de la que carecemos.

Además, he constatado que es un documento tremendamente desconocido e infravalorado. De allí que crea que es críticamente importante entender bien los propósitos esenciales del mensaje profético y trabajar para conseguirlos hoy. Entre ellos la Constitución de Medina busca proteger la vida, la propiedad, el honor, la libertad religiosa, la solidaridad, la dignidad, el hermanamiento entre los seres humanos… Todos estos elementos son explícitos en la Carta de Medina. Y tanto la Constitución Española como la Estadounidense contienen los mismos propósitos. Lo cuál, si bien no los eleva a la posición de textos sagrados, sí que les confiere una sacralidad a su observación y su respeto, ya que protegen los mismos principios y valores sagrados.

La infravaloración de este hito histórico no se debe siempre a un desconocimiento de las personas no musulmanas, sino también a la falta de atención que recibe por los propios musulmanes. También, puedo afirmar sin miedo a equivocarme que ello se debe a una lectura demasiado textualists que siempre busca normas y leyes en todo, más allá de la búsqueda de modos para la derivación de valores éticos comunes que trasciendan consideraciones religiosas y que sirvan como inspiración a cualquier persona sea de la creencia que sea. Es decir, existe una falta de universalización de la esencia del mensaje islámico.

Un claro ejemplo de ello, es que conceptos como “Fiqh” (jurisprudencia islámica) le suena a la mayoría de musulmanes y es más o menos comprendido. Y eso que se ocupa, en muchas ocasiones, de particularidades y cuestiones cambiantes y que dependen del contexto y las idiosincrasias del pueblo que lo aplica. Sin embargo, un concepto más profundo como “los fundamentos del Fiqh” es un gran desconocido, a pesar de ocuparse de elementos más universales y fundamentales.

La Constitución de Medina es una piedra angular en la construcción de un ente político basado en una ética común, que unía a musulmanes y judíos. Se puede decir, que incluso es un documento pragmático que buscaba sobre todo el bien común, el bienestar de todos y una convivencia duradera. No hay que olvidar que estamos hablando de una sociedad que precede la edad media por varios siglos. Y, por lo tanto, a cualquier lector analítico con el texto y sus grandes objetivos no le cuesta ver que es un texto muy avanzado para su época o, mejor dicho, un texto de una época que trajo muchos avances.

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